En mi más tierna infancia viví los duelos entre Björn Borg y John McEnroe, aún recuerdo con nostalgia esos encuentros de duración eterna, en los que la leyenda  del tenis, en esos momentos, se enfrentaba a un niño mal educado en las pistas. Duelos apasionantes que consiguieron captar la atención de niños que iban a ser el futuro de este deporte. 

En ese momento, en el tenis femenino estaban dos de las más grandes de la historia,  Chris Evert y Martina Navratilova.

Poco a poco mi pasión se fue forjando,  soy de la época de Steffi Graf, Monica Seles, Arancha Sanchez Vicario y Conchita Martinez.


Recuerdo que cada partido entre Steffi y Arancha era apasionante y aunque deseaba que ganase Arancha, quien verdaderamente me encantaba era Steffi.

Gracias a la retransmisión de  los partidos de tenis, pude conocer esta disciplina  y convertirme en una aficionada incondicional del mismo.

En la actualidad practico pádel y no porque el tenis me haya dejado de gustar, sino porque las posibilidades de practicar uno u otro son bien distintas.  En las ultimas décadas el pádel ha tenido una explosión espectacular (creación de pistas de pádel por doquier, tanto cubiertas como descubiertas, urbanizaciones en las que por espacio se deja de construir la pista de tenis y se construye la pista de pádel; un deporte sociable,  agradecido pues permite jugar en muy poco tiempo, torneos todos los fines de semana).  Mientras que el tenis entre los aficionados ha perdido un poco de fuerza al no existir pistas cubiertas en abundancia.  No existen la misma cantidad de ligas, ni  torneos como en el pádel. Es un deporte con mayor exigencia física, precisa más entrenamiento y no puedes jugar o entrenar contra una persona que tenga un nivel muy diferente al tuyo porque no se mantendría un peloteo.

En el pádel  siempre se juega en pareja mientras que el tenis se practica en modalidad individual o dobles.  Muchos de los aficionados que practican pádel provienen del tenis, las mayores dificultades a las que se enfrenta un jugador de tenis cuando se inicia en el pádel,  es la utilización de las paredes para ejecutar los golpes,  se convierten en verdaderas enemigas del tenista y le cuesta bastante asimilar que son sus amigas para desarrollar su juego.

     

Cuando un tenista comienza a jugar al pádel, muchos le recriminan que no mezcle ambos deportes y que el pádel estropeará su juego en el tenis. No soy de esa opinión, por experiencia propia, se puede jugar tanto al tenis como al pádel, y cada uno de ellos aporta algo positivo al otro.

El pádel aporta al tenis la mejora en la volea y el remate. El  tenis aporta una variedad de golpes al pádel como el liftado, cortado o plano según convenga.

Se dice que un aficionado que juega al pádel es mucho más complicado que juegue al tenis, mientras que el tenista con el tiempo suele dominar el pádel superado el "trauma" de las paredes.

El verdadero tenista siente devoción por el tenis, y la misma, le hace no abandonarlo, por muchos parones que realice, aunque se aleje y se refugie en el pádel, siempre termina regresando a su deporte rey.

Susana Maroto "Dentro y fuera"