La imagen ha adquirido un papel muy importante para los practicantes de todas las disciplinas deportivas. La ropa de la colada de los hogares delata si en los mismos hay deportistas. Y es que la mayoría de los atletas tienen la misma cantidad de ropa deportiva, por no decir más, que ropa de vestir. 

Ser deportista es una forma de vida en la que se crean hábitos, y uno de ellos es la elección de la ropa para la práctica del deporte.

Si nos centramos en el pádel o el tenis, los chicos eligen prendas técnicas y cómodas. Normalmente siempre llevan un pantalón y un polo, o quizás una camiseta ajustada.  Las chicas dan una relevancia mayor a la elección del modelo para cada ocasión.

Existe ropa muy dispar para satisfacer las necesidades de cada jugadora, aunque todas ellas tienen un denominador común, sentirse cómodas, libres en sus movimientos, elegantes y sencillas. Y además cada una de ellas busca ser diferente, tener su propio estilo.

Si el jugar partidos crea adicción, la ropa se convierte en un vicio. Las féminas queremos recabar la atención por nuestra forma de jugar, pero en muchas de nosotras es innato el querer tener una presencia, una imagen. Aquello de llamar la atención sin parecerlo. Nos fijamos hasta en el más mínimo detalle, incluso me atrevería a decir que si podemos la ropa interior va a la par del conjunto que nos toca ese día. 

Antes de acudir al partido o a entrenar, se inicia todo un ritual, abrimos el armario, miramos, lo cerramos, lo volvemos a abrir, pensamos que nos pusimos ayer, que nos podemos poner hoy. Si jugamos en cubierto o si jugamos al aire libre.

Cuando tenemos todos los parámetros posibles controlados, nos decidimos y elegimos nuestra vestimenta. A veces seleccionamos un vestido, otras, una falda y un top. Pero no queda ahí, elegida la base, ahora queda combinarla,  escoger  las zapatillas que van a juego y  encontrar también los calcetines. Sin olvidar el último detalle, la goma y las horquillas para el pelo.


No nos conformarnos con la indumentaria con la que vamos a jugar, también damos importancia a las prendas que nos cubren durante el calentamiento y al terminar el partido. A veces nos ponemos de acuerdo con nuestra compañera para ir lo más combinadas posible, lo que complica mucho más el ritual.

Nos gusta sentirnos “nancys” fuera de la pista... y dentro de la pista verdaderas “felinas” sin perder nuestra feminidad.

Susana Maroto Robledo "Dentro y fuera"